Renacer

CEstrellas de coloresuentan que, en algún tiempo de la historia que nos ha tocado vivir, ocurrió un renacimiento, de un Ser… a la vida. 

En un lugar del que nada nos aporta conocer su topónimo, ni del momento en el que se dio el milagro a los ojos de los incrédulos mortales, ni tan siquiera del nombre por el que conocían al renacido. 

 

Tan solo acaeció en un instante, en lo que dura un cálido suspiro cuando una caricia fraterna te roza la piel del alma, o cuando un pájaro suavemente se posa en tu dedo índice acercando su mirada a la tuya. 

 

Y la sonrisa enternecida se convirtió en la risa desbordante que tienen los niños cuando ríen plenamente auténticos, sin tapujos, sin quererlo, sin sentirlo, sin vivirlo en sueño. Disfrutándolo como sólo sabe un bebé sin la edad de los hombres. Transportando su risa allá alto, propulsándola a un Boing 747 de reflejos arcoiris que pasaba por allí, mientras la tripulación atendía al pasaje de cabina ofreciéndole alas, a todos, de Ángel: 

 

Doradas, como el sol hacia el que partía ese vuelo con los primeros rayos de la mañana de ese 25 de diciembre de cualquier año, en cualquier edad. 

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 21/12/2017

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