Mente vs. Espíritu

En el horizonte, barco sobre aguas tropicales turquesas y palmera en playaLa mente, el gran depredador del ser humano, poco a poco va ocupando el lugar que le corresponde. 

Debe relegar su protagonismo a quien debe capitanear el navío vital que dirige nuestro rumbo: el Espíritu. 

 

Para que el capitán pueda escuchar el viento, observar las estrellas, escuchar el agua, percibir la humedad de la travesía, conectar con su intuición de navegante incansable,… necesita silencio… 

 

La mente calla, aguardando instrucciones, quizás algo ansiosa de obtener protagonismo. Pero el capitán no hablará excepto cuando tenga que hilar un pensamiento, una construcción mental que requiera de un proyecto a materializar, una comunicación mediante la palabra hablada, escrita,… 

 

Mientras tanto, la comunicación interior surge, se expresa y si es necesario, transmite mediante gestos, miradas, expresiones faciales, corporales, mediante la unidad de corazones que no precisan de la lógica para entablar un diálogo preciso. Sólo surge. 

 

Así es como funciona el Espíritu cuando habla: no se comprende, sólo se siente. 

 

Y la experiencia se convierte en certeza para el comandante del navío, en silencio, oteando el horizonte interior, contemplando el paso de los elementos desde la nada en la que se encuentra, en Paz. 

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 20/12/2017

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