Allá en el Olimpo

Hoja dorada y hierba bajo la escarchaAllá en lo alto el resplandor dora los aerogeneradores que, rabiosos al viento expulsan su hálito para borrar de un plumazo los nubarrones cercanos que piden imponerse para cegar al sol. 

 

El frío se cuela entre la piel al caminar por el Olimpo, marcando las pisadas entre la nieve, esculpiendo sus huellas, a plomo de cuerpo, como si del primer alunizaje sobre cristales de nieve hablara el Hombre,  

 

buscador de copos,  

explorador y cartógrafo de estigmas,  

sellador de amores, 

cauterizador de dolores. 

 

Allá arriba, donde los dioses prueban la voluntad de los Ángeles, habito entre la nieve, borrando las huellas de los hombres marcadas con el peso de sus sonrisas perdidas, trazando el paso que sólo conocen los corazones ligeros que se nutren de ese sol que brilla siempre por encima de los nubarrones, de la tormenta. 

 

Calmando el tiempo, contemplando el sol de mediodía que da paso al deshielo interior, a la vida… 

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 21/01/2018.

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