La luz que amanece

Sol de atardecer sobre bosque y helechosLa luz que amanece cada mañana… 

Ya no es la misma. 

 

Amanece en el rostro. 

Amanece en el alma. 

 

Los mismos días. 

Las mismas caras… 

Los mismos gestos y, 

sin embargo, brotan frescos 

como hortalizas recién recogidas… 

en huerta regada, fértil. 

 

Así las horas, que transcurren entre las agujas de los mismos relojes cotidianos «huelen a nuevo» como esos zapatos nuevos, recién estrenados a comienzo del nuevo curso.  

 

Siempre nuevo, como cada año, mochila al hombro. 

 

La luz que amanece al despertar en tu cama… 

Ya no es la misma. 

 

Amanece en mi rostro. 

Amanece en tu alma. 

 

Esos rayos suaves 

que siempre se cuelan bajo las persianas, son ya conocidos. 

Viejos amigos, compañeros al despertar, viajeros que salen del sueño estrechándose como cada día, en un fraternal abrazo. 

 

El mismo de siempre, distinto cada día. 

 

La luz que amanece cada mañana: 

 

Al igual hoy, que mañana. 

 

Vibrante monotonía 

que activa al momento, 

que nutre y enriquece la vida. 

 

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 02/10/2018.

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