Flor iluminada

pradera de flores de alta montaña con la luz del sol de atardecer

 

Hay flores… 

 

Flores que se abren en cuanto el más mínimo rayo de luz acaricia sus pétalos. 

Otras que en su naturaleza agarrotada por la indiferencia claudican antes de haber nacido. 

Las hay que sólo rebosan exultantes cuando se aprieta el interruptor preciso, estímulo acertado… 

 

Bien sabes que ese tallo que levantas con la elegancia del cisne está repleto de disparadores, al modo de puntos de acupuntura, de resortes siempre acertados, y que con cada roce sutil disparas ese oriental baile de fuegos de artificio que llena de colores y emociones cada paso que esbozas descalza sobre la hierba, cada mirada sugerente que me regalas con picardía, mientras me quedo absorto, embelesado, … viviendo el paso, la danza de las horas entregada, a cámara lenta… 

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 23/11/2017

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