Divorciatus Deus

Ave Fénix

Etapas que comienzan, se desarrollan (o te arrollan) y terminan.

Al cierre, posos o un poso, una enseñanza y un reposo para asentar las vivencias en la memoria del alma.

Se abren de par en par las puertas al vértigo, a entrar en el mundo de la nada, donde al principio se confunden el abismo y la quietud, la desesperación desgarradora y el consuelo.

Pero el Ave Fénix no entiende de abismos, porque simplemente con su presencia, con su consciencia, la consciencia de Dios, ametralla su fondo para que se hunda en sus propias profundidades y por todos esos agujeros de metralla permite que entren a borbotones los rayos de sol que existen, tan solo con llamarlos.
Divorciatus sic non Deus

Repudiata, sed Deo.

 

© Roberto Sastre Quintano.

Madrid, 25/11/2017

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